Fundación de Seguridad Aérea

Pilar Vera en The Investigator: impacto humano y reforma global

El impacto humano de los accidentes y el papel de ACVFFI en la mejora de las políticas globales de aviación.

Artículo de Pilar Vera publicado en la edición de Diciembre 2025 de The Investigator Magazine. A continuación puede leer la traducción del artículo publicado en inglés.

Se trata de una revista especializada en seguridad aérea publicada por la Autoridad General de Aviación Civil de los Emiratos Árabes Unidos (GCAA). Es una publicación no lucrativa, centrada en el interés público y en la difusión de conocimiento profesional para inspectores, autoridades de investigación, organizaciones de seguridad y la comunidad aeronáutica internacional. Su contenido está dedicado exclusivamente a promover la mejora continua de la seguridad en la aviación mediante análisis técnicos, estudios de casos, artículos de expertos e información sobre investigaciones de accidentes aéreos.

Del Dolor a la Reforma Global

La Federación Internacional de Víctimas de Accidentes Aéreos y sus Familias (ACVFFI) está impulsando reformas en la aviación mundial para que las voces de las víctimas sean fundamentales a la hora de establecer normas más seguras. 

Pilar Vera Palmés es la Presidenta de ACVFFI y de la Fundación de Seguridad Aérea (FaSA20). Es una destacada defensora internacional de la seguridad aérea y de los derechos de las víctimas de accidentes aéreos y sus familias. Licenciada en Derecho, comenzó a dedicarse a esta labor tras la tragedia del Vuelo JK5022 en 2008. Desde entonces, ha sido Presidenta de la Asociación de Afectados por el Vuelo JK5022, fundó y presidió la ACVFFI y creó la Fundación A20 de Seguridad Aérea. Reconocida por la OACI por sus contribuciones, ha desempeñado un papel fundamental en el avance de las normas mundiales sobre asistencia a las víctimas, investigación de accidentes y políticas de seguridad. 

Cada accidente aéreo deja una profunda huella en la historia de la aviación. Quienes viven el incidente nunca lo olvidan, y lo mismo ocurre con quienes participan en la gestión de la emergencia y en las investigaciones posteriores. El objetivo de estas investigaciones es determinar las causas del accidente y extraer lecciones que contribuyan a mejorar la seguridad aérea.

La aviación transporta actualmente a cuatro mil millones de pasajeros al año, y se prevé que en 2050 esta cifra alcance los doce mil millones. A medida que aumenta el tráfico, prevenir accidentes se vuelve cada vez más urgente. ¿Qué medidas decisivas se necesitan hoy para evitar tragedias futuras? Es difícil de reconocer, pero

el recuerdo de cada accidente aéreo perdura en cada mejora de la seguridad, en cada recomendación, en cada medida adoptada para prevenir nuevos accidentes y en cada aviador que surca los cielos, comprometido con llevar a los pasajeros sanos y salvos a su destino.

Cuando un avión se estrella, las consecuencias no terminan con el impacto. Detrás de cada accidente hay decenas, a veces cientos, de vidas truncadas y familias destrozadas. Más allá del análisis técnico y las cajas negras, las víctimas y sus familias deben seguir siendo el centro tanto de la investigación como de la memoria colectiva. A pesar de las incertidumbres que rodean cualquier accidente, una verdad es clara: los pasajeros y la tripulación pagan con sus vidas la cadena de errores que condujo a la tragedia.

Es importante recordar que la muerte no distingue entre pasajeros y miembros de la tripulación, y que cada vida es única en su trayectoria y significado. Sin embargo, las cifras oficiales de víctimas mortales las reducen a meras estadísticas frías. Esta deshumanización agrava el dolor de las familias y de quienes conocían a las víctimas, ya fuera por su contribución profesional o por sus cualidades personales.

Cuando un ser querido fallece en una tragedia aérea, las preguntas inmediatas son: ¿cuáles fueron los fallos de los sistemas de seguridad? ¿Por qué no se tomaron las precauciones adecuadas?

A pesar de que las familias se quedan con estas y otras preguntas, rara vez reciben respuestas claras. Son preguntas como estas las que constituyen los pilares fundamentales de las autoridades de investigación de accidentes aéreos. Un sistema de aviación civil seguro, creíble y transparente se basa en una autoridad de investigación de accidentes sólida. Dicha autoridad no solo determina las causas de los accidentes, sino que también identifica y advierte de forma proactiva sobre los fallos revelados por incidentes graves o problemas sistémicos, de modo que puedan corregirse antes de que provoquen otra tragedia.

El impacto emocional de los accidentes aéreos.

La tragedia humana que golpea a una familia tras la pérdida de un ser querido es indescriptible. Nadie puede esperar que una simple despedida en el aeropuerto pueda ser seguida tan pronto por la devastadora noticia dada de una manera confusa, caótica y, a menudo, inhumana. Y en los raros casos de supervivencia, la experiencia a menudo se asemeja más a una escena de guerra que a un accidente.

Los testimonios de los supervivientes que he conocido durante los últimos 17 años proporcionan pruebas convincentes de esta realidad. Describen momentos en los que un avión no consigue despegar o, si lo hace, se precipita en una trayectoria mortal hacia el suelo. Relatan escenas de violentas roturas, desintegración y explosiones del combustible a bordo que provocan incendios devastadores.

Los que sobreviven se enfrentan a otra cadena de sufrimiento: esperar a que lleguen los servicios de emergencia, con la esperanza de ser encontrados y, sobre todo, de recibir tratamiento a tiempo para salvarles la vida. Sobrevivir es solo el comienzo de una larga lucha por recuperarse tanto física como mentalmente.

La tragedia humana que golpea a una familia tras la pérdida de un ser querido es indescriptible, y sobrevivir a menudo es solo el comienzo de una larga lucha.

A pesar de la existencia de estos testimonios, las principales autoridades y organizaciones mundiales encargadas de investigar accidentes rara vez analizan las consecuencias humanas de los desastres aéreos. En sus informes finales, pueden hacer referencia a la respuesta de emergencia, pero no evalúan su eficacia. Es posible que esto quede fuera de su ámbito de competencia tradicional, pero hacerlo contribuiría en gran medida a identificar y corregir las deficiencias en la prestación de asistencia a las víctimas y sus familias.

Del duelo a la acción significativa.

El 21 de julio de 2015, fundé en Madrid la Federación Internacional de Víctimas de Accidentes Aéreos y sus Familias (ACVFFI). En febrero de 2016, obtuvo el reconocimiento de la OACI. La Federación fue la culminación de un trabajo que había comenzado en 2010. Dio voz a las familias afectadas en los eventos de la OACI, algo que antes no tenían. Antes de la creación de la Federación, podían asistir, pero no intervenir ni presentar documentos de trabajo para influir en las políticas y normas de la OACI. 

El 23 de septiembre de 2025, tuve el honor de recibir el 44º Premio Edward Warner de la OACI de manos del presidente de la OACI en la sesión inaugural de la 42ª Asamblea General de la OACI. Esta distinción marca un hito importante en la historia del premio, ya que es la primera vez que se concede a una representante de la sociedad civil ajena a la profesión de la aviación y solo la cuarta vez que se concede a una mujer. Para la ACVFFI, este premio supone un importante reconocimiento a sus contribuciones a las organizaciones internacionales.

Entre los documentos de trabajo que presentamos en las Asambleas 39ª, 40ª y 41ª, ACVFFI presentó documentos de trabajo que incluían una propuesta para establecer requisitos mínimos para las autoridades de investigación en los 193 Estados miembros de la OACI, haciendo hincapié en la independencia, la profesionalidad, el rigor y la transparencia.

Otro documento de trabajo instaba al Estado investigador a traducir los informes finales a los idiomas de las familias de las víctimas. Aunque han pasado varios años, ACVFFI sigue comprometida con garantizar la aplicación de ambos documentos de trabajo aprobados por esas Asambleas.

La revisión de la ya derogada Circular 285, publicada por el Secretario General de la OACI en 2001, dio lugar a la elaboración de los Documentos 9998 y 9973 sobre asistencia a las víctimas y sus familias.

Por encima de todo, esta ha sido la iniciativa más significativa promovida por la ACVFFI, instando a los 193 Estados miembros a incorporar estas normas en sus reglamentos. Los simulacros periódicos son esenciales para garantizar que, en caso de emergencia aérea, los sistemas nacionales respondan con rapidez, profesionalidad y empatía. Hasta hace poco, solo España había superado con éxito el Programa Universal de Auditoría de Supervisión de la Seguridad (USOAP) de la OACI en lo que respecta a la asistencia a las víctimas y sus familias.

Otra prioridad clave para ACVFFI es instar a los Estados que aún no lo han hecho a ratificar el Convenio de Montreal de 1999. La Federación cree firmemente que el trato a las víctimas y sus familias debe estandarizarse, especialmente en lo que respecta a sus derechos tras un accidente.

«No buscamos culpables, buscamos causas», suelen decir los expertos e investigadores de accidentes de aviación civil. Sin embargo, para las familias, esta distinción suele ser difícil de aceptar, ya que lo que más necesitan es verdad, justicia, reparación y recuerdo.

A lo largo de los años, he sido testigo de terribles tragedias que podrían haberse evitado. La recuperación de los cuerpos de las víctimas es tanto un derecho inalienable de las familias como un paso fundamental para determinar la causa de un accidente. Los Estados tienen la obligación de proteger este derecho.

«No podemos devolver la vida a nuestros seres queridos, pero podemos evitar que otras familias pasen por el mismo dolor». Esta frase, que aparece en la página web de la Asociación de Afectados por el Vuelo JK5022, es también la fuerza motriz de la lucha de ACVFFI, nacida de la experiencia personal.

Cada accidente aéreo deja una profunda huella en la historia de la aviación. Quienes viven el incidente nunca lo olvidan, y lo mismo ocurre con quienes participan en la gestión de la emergencia y en las investigaciones posteriores. El objetivo de estas investigaciones es determinar las causas del accidente y extraer lecciones que contribuyan a mejorar la seguridad aérea.

La aviación transporta actualmente a cuatro mil millones de pasajeros al año, y se prevé que en 2050 esta cifra alcance los doce mil millones. A medida que aumenta el tráfico, prevenir accidentes se vuelve cada vez más urgente. ¿Qué medidas decisivas se necesitan hoy para evitar tragedias futuras? Es difícil de reconocer, pero

el recuerdo de cada accidente aéreo perdura en cada mejora de la seguridad, en cada recomendación, en cada medida adoptada para prevenir nuevos accidentes y en cada aviador que surca los cielos, comprometido con llevar a los pasajeros sanos y salvos a su destino.

Cuando un avión se estrella, las consecuencias no terminan con el impacto. Detrás de cada accidente hay decenas, a veces cientos, de vidas truncadas y familias destrozadas. Más allá del análisis técnico y las cajas negras, las víctimas y sus familias deben seguir siendo el centro tanto de la investigación como de la memoria colectiva. A pesar de las incertidumbres que rodean cualquier accidente, una verdad es clara: los pasajeros y la tripulación pagan con sus vidas la cadena de errores que condujo a la tragedia.

Es importante recordar que la muerte no distingue entre pasajeros y miembros de la tripulación, y que cada vida es única en su trayectoria y significado. Sin embargo, las cifras oficiales de víctimas mortales las reducen a meras estadísticas frías. Esta deshumanización agrava el dolor de las familias y de quienes conocían a las víctimas, ya fuera por su contribución profesional o por sus cualidades personales.

Cuando un ser querido fallece en una tragedia aérea, las preguntas inmediatas son: ¿cuáles fueron los fallos de los sistemas de seguridad? ¿Por qué no se tomaron las precauciones adecuadas?

A pesar de que las familias se quedan con estas y otras preguntas, rara vez reciben respuestas claras. Son preguntas como estas las que constituyen los pilares fundamentales de las autoridades de investigación de accidentes aéreos. Un sistema de aviación civil seguro, creíble y transparente se basa en una autoridad de investigación de accidentes sólida. Dicha autoridad no solo determina las causas de los accidentes, sino que también identifica y advierte de forma proactiva sobre los fallos revelados por incidentes graves o problemas sistémicos, de modo que puedan corregirse antes de que provoquen otra tragedia.

El impacto emocional de los accidentes aéreos

La tragedia humana que golpea a una familia tras la pérdida de un ser querido es indescriptible. Nadie puede esperar que una simple despedida en el aeropuerto pueda ser seguida tan pronto por la devastadora noticia dada de una manera confusa, caótica y, a menudo, inhumana. Y en los raros casos de supervivencia, la experiencia a menudo se asemeja más a una escena de guerra que a un accidente.

Los testimonios de los supervivientes que he conocido durante los últimos 17 años proporcionan pruebas convincentes de esta realidad. Describen momentos en los que un avión no consigue despegar o, si lo hace, se precipita en una trayectoria mortal hacia el suelo. Relatan escenas de violentas roturas, desintegración y explosiones del combustible a bordo que provocan incendios devastadores.

Los que sobreviven se enfrentan a otra cadena de sufrimiento: esperar a que lleguen los servicios de emergencia, con la esperanza de ser encontrados y, sobre todo, de recibir tratamiento a tiempo para salvarles la vida. Sobrevivir es solo el comienzo de una larga lucha por recuperarse tanto física como mentalmente.

La tragedia humana que golpea a una familia tras la pérdida de un ser querido es indescriptible, y sobrevivir a menudo es solo el comienzo de una larga lucha.

A pesar de la existencia de estos testimonios, las principales autoridades y organizaciones mundiales encargadas de investigar accidentes rara vez analizan las consecuencias humanas de los desastres aéreos. En sus informes finales, pueden hacer referencia a la respuesta de emergencia, pero no evalúan su eficacia. Es posible que esto quede fuera de su ámbito de competencia tradicional, pero hacerlo contribuiría en gran medida a identificar y corregir las deficiencias en la prestación de asistencia a las víctimas y sus familias. 

Del duelo a la acción significativa

El 21 de julio de 2015, fundé en Madrid la Federación Internacional de Víctimas de Accidentes Aéreos y sus Familias (ACVFFI). En febrero de 2016, obtuvo el reconocimiento de la OACI. La Federación fue la culminación de un trabajo que había comenzado en 2010. Dio voz a las familias afectadas en los eventos de la OACI, algo que antes no tenían. Antes de la creación de la Federación, podían asistir, pero no intervenir ni presentar documentos de trabajo para influir en las políticas y normas de la OACI. 

El 23 de septiembre de 2025, tuve el honor de recibir el 44º Premio Edward Warner de la OACI de manos del presidente de la OACI en la sesión inaugural de la 42ª Asamblea General de la OACI. Esta distinción marca un hito importante en la historia del premio, ya que es la primera vez que se concede a una representante de la sociedad civil ajena a la profesión de la aviación y solo la cuarta vez que se concede a una mujer. Para la ACVFFI, este premio supone un importante reconocimiento a sus contribuciones a las organizaciones internacionales.

Entre los documentos de trabajo que presentamos en las Asambleas 39ª, 40ª y 41ª, ACVFFI presentó documentos de trabajo que incluían una propuesta para establecer requisitos mínimos para las autoridades de investigación en los 193 Estados miembros de la OACI, haciendo hincapié en la independencia, la profesionalidad, el rigor y la transparencia.

Otro documento de trabajo instaba al Estado investigador a traducir los informes finales a los idiomas de las familias de las víctimas. Aunque han pasado varios años, ACVFFI sigue comprometida con garantizar la aplicación de ambos documentos de trabajo aprobados por esas Asambleas.

La revisión de la ya derogada Circular 285, publicada por el Secretario General de la OACI en 2001, dio lugar a la elaboración de los Documentos 9998 y 9973 sobre asistencia a las víctimas y sus familias.

Por encima de todo, esta ha sido la iniciativa más significativa promovida por la ACVFFI, instando a los 193 Estados miembros a incorporar estas normas en sus reglamentos. Los simulacros periódicos son esenciales para garantizar que, en caso de emergencia aérea, los sistemas nacionales respondan con rapidez, profesionalidad y empatía. Hasta hace poco, solo España había superado con éxito el Programa Universal de Auditoría de Supervisión de la Seguridad (USOAP) de la OACI en lo que respecta a la asistencia a las víctimas y sus familias.

Otra prioridad clave para ACVFFI es instar a los Estados que aún no lo han hecho a ratificar el Convenio de Montreal de 1999. La Federación cree firmemente que el trato a las víctimas y sus familias debe estandarizarse, especialmente en lo que respecta a sus derechos tras un accidente.

«No buscamos culpables, buscamos causas», suelen decir los expertos e investigadores de accidentes de aviación civil. Sin embargo, para las familias, esta distinción suele ser difícil de aceptar, ya que lo que más necesitan es verdad, justicia, reparación y recuerdo.

A lo largo de los años, he sido testigo de terribles tragedias que podrían haberse evitado. La recuperación de los cuerpos de las víctimas es tanto un derecho inalienable de las familias como un paso fundamental para determinar la causa de un accidente. Los Estados tienen la obligación de proteger este derecho.

«No podemos devolver la vida a nuestros seres queridos, pero podemos evitar que otras familias pasen por el mismo dolor». Esta frase, que aparece en la página web de la Asociación de Afectados por el Vuelo JK5022, es también la fuerza motriz de la lucha de ACVFFI, nacida de la experiencia personal.

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